25 de marzo de 2010

Los niños del Heavy Metal

"Los dos polos del sentimiento confundiblemente moderno son la nostalgia y  la utopia"
Susan Sontag

La florida década de los sesentas vivió dormida y murió infeliz. La moda multicolor se volvió anticuada; las flores y las huelgas, una ingenua cursilería pasada de moda. Cientos de jóvenes no parecían recordar que años atrás cantaron por un mundo de alegría, paz y amor. Ahora, regresaban solos a casa, algunos precavidos con un paquetito de verde para el viaje, pero siempre con la incómoda sensación de parecerse un poquito más a sus padres.

La generación del Heavy METAL, enfrentada a la claudicación de sus ideales y a la refutación de sus utopías, debía ser más lúgubre, más oscura, más rebelde. ¿Y qué mejor que la figura satánica para hacer congruente su discurso? Satán puede ser vinculado con la liberación sexual, la violencia y el caos. Mejor aún, para los cristianos, defensores de la moral, las buenas costumbres y, por qué no, la mojigatería relativista, el Demonio es fuente de todos los males, algo así como los villanos de Televisa sin todo el maquillaje. Un discurso que responde al religioso tradicional que sublima los apetitos esenciales del hombre. En voz del escándalo, vamos subiendo los puntos en el ranking.

Pero más allá de las cadenas, los intimidantes vocalistas y la minuciosa iconografía (hay que ver que muy pocos seguidores son tan oscuros como dicen), los exponentes del Heavy metal siguen reclamando aquello que se les ha prometido. Temas como la lucha contra la discriminación, el daño ambiental, protestas contra una sociedad de engañados o ”zombis”, el consumismo patológico, la amenaza a la autenticidad y otros. Detrás de todo ese mecanismo, de defensa frente a lo extraño y de protección a lo conocido, sus seguidores solo son soldaditos de plomo, adolescentes que recitan conocidos discursos, inocentes y libres de la contaminación de la adultez. Con la determinación propia de quienes tiene la razón, sus canciones son necias, infantiles, malhumoradas porque saben que no amenazan al sistema, no lo ponen en peligro, solo lo fastidian, como los tábanos, como los niños y sus rabietas.


No es cuestión de subestimar al género, se trata de entender el discurso, no criticarlo. La anarquía, tan querida por los muchachos, se presenta como la única solución. Encariñémonos con el Heavy metal y sigamos su ejemplo de vez en cuando, la reacción siempre es mejor que el desinterés y la rebeldía que el ocio.

Genios