12 de marzo de 2010

Uchpa en la Noche

No es cuestión de fortuna la amistosa fusión de rock, blues y quechua. Se trata, más bien, de una irrevocable vocación a la tristeza. Y es que todos sus ingredientes comparten una escritura melancólica, atribuida no solo al febril punteo de la guitarra sino también al bagaje cultural andino que el quechua representa y trae consigo. Uchpa consiente ambas vertientes musicales y su mezcla no mengua la naturaleza de ninguna, pero sí las enriquece a través de la convivencia.

Entre sus trabajos encontramos tres entregas discográficas: Wayrapin qaparichkan (Gritando en el viento) en 1991; Qawka kawsay (Viviendo en paz) en 1995; Qukman muskiy (Respiro diferente) en 2000. Hay además conciertos grabados con lo mejor de su obra.

Desde inicios de los noventas, bajo la influencia de bandas rockeras de los 60´s y 70´s, los chicos de Uchpa improvisaban tonadas de sabor extranjero pero con la aspiración de encontrar entre tanta casaca de cuero alguna sazón local. El experimento resultó provechoso porque después de algunos años, y luego de la reorganización de la banda, entendieron que en la comodidad de su lengua las escalas pentatónicas del blues recobran su significado. Dice Fredy Ortiz, vocalista del grupo, “es como si el quechua estuviera diseñado para sufrir. El dolor, pero también la dulzura, sellaron para siempre mi música”. No solo eso llama la atención, su vocalista trabajó como policía durante 10 años en las zonas más golpeadas por el terrorismo. Aquello le permitió una revisión más sensible de los temas y una postura crítica reflejada en las historias que nos canta.

Hay quienes han reunido a Uchpa bajo el lema de “reivindicación andina” por el uso del quechua, la constante cita textual de huaynos populares o la vestimenta autóctona de varios de sus integrantes. Eso, si se piensa que la cultura andina ha quedado traspapelada en el tiempo, sin contacto alguno con la modernidad, como pasajes bíblicos de nuestra historia. La tradición andina esta muy lejos de todo aquello, la herencia se ha mantenido viva, Uchpa es producto de esa evolución natural. La tradición no se ha conservado intacta, por supuesto, pero, esta vez, su variación es una cualidad. Vale decir que la falsa idea de una lucha Darwinista, especialmente en este escenario, alimenta la protesta y no la celebración.

Pero no todo se trata de penas, aunque el aporte del blues sea innegable, Uchpa ha logrado un balance saludable gracias a su puesta en escena. Cuando Fredy Ortiz y los suyos aparecen con brillantes cintas de colores, portando trajes dorados dando altos brincos nos dan la bienvenida a un carnaval andino y rockero. Para todos los curiosos y los convencidos, para los alegres y los sentimentales, Uchpa los espera

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